Entradas

ASESINO EN METRO

O tra leyenda ochentera cuenta que había un asesino rondando por distintas líneas. Su  modus operandi  consistía en aventar a las vías a las personas que estaban más cerca. Esto lo hacía en cuanto el vagón salía del túnel. Después, el asesino se iba tranquilamente. Ante el asombro y la perturbación, la gente era incapaz de reaccionar ante lo que acababa de pasar. Nunca se supo la identidad del asesino. Att: Ortiz Peña Andrea 6°C Diseño Gráfico Digital 

OTRAS ESTACIONES

Dicen que hay túneles y vías que te llevan a estaciones fantasmas (no estaciones con seres, sino estaciones abandonadas). Pero lo más fumado de estos rumores de lugares secretos, es que si logras quedarte en un vagón después de que terminen los servicios, o sea, si te quedas dormidote y al de la limpieza le da cosa despertarte, el tren recorre varios lugares, entre los que se encuentra un lago subterráneo. Hubo una época en las que constantemente había amenazas de bombas en el transporte público. Los cuidadores del metro encontraban bolsas o maletas sospechosas, pero no tenían explosivos, sino ropa, joyas, y toda clase de artículos robados. Cuenta la leyenda que, en un chequeo de esos, encontraron una bolsa con un feto humano. Att: Ortiz Peña Andrea 6°C Diseño Gráfico Digital  

SE LES SUBE EL METRO

U na leyenda muy común entre los conductores del metro es que si algún trabajador se queda solo y decide tomar un descanso, lo sobrenatural puede acecharlos. La historia siempre se repite, puede tener ligeras variaciones, pero básicamente sienten como si algo se les subiera o se apoyara sobre su cuerpo. Dicen que pasa en todos los locales técnicos o cubículos de jefe de estación, pero donde más han acontecido es la estación Coyoacán de la línea 3. Att:Ortiz Peña Andrea 6°C Diseño Gráfico Digital 

UN TRÁGICO ACCIDENTE BORRADO DE LA HISTORIA

E l 20 de octubre de 1975 ocurrió un choque entre dos trenes del  Metro de la CDMX  en la estación Viaducto, dejando como resultado a 31 muertos y 70 personas heridas. El archivo completo del conductor culpable del choque entre los dos trenes del   metro, debería estar en el  Archivo Histórico de la Ciudad de México , sin embargo sólo existe media cuartilla poco relevante y a la fecha no se sabe qué paso con el conductor. Att: Ortiz Peña Andrea 6°C Diseño Gráfico Digital 

BUNKER EN LÍNEA 7 DEL METRO

Es verdad que la línea 7 del metro, es la más profunda de las 12. Los pasajeros deben bajar varias docenas de metros hasta llegar a los andenes, gracias a eso se esparció el rumor de que debajo de la misma tierra había un búnker para personas de alto mando o importantes en sociedad. Se le daba la razón a esto por la cercanía a embajadas y centros de comercio, en medio de las estaciones de Polanco y Auditorio, sin embargo esto nunca se a comprobado y por lo tanto se mantiene como una simple especulación.  Att: Ortiz Peña Andrea 6°C Diseño Gráfico Digital 

CRÁNEO METRO BALDERAS

En el año de 1968, durante las excavaciones para la construcción del metro Balderas , se encontró un cráneo con más de 11 mil años de antigüedad. El cráneo se encontraba en perfecto estado y según los antropólogos que arribaron al lugar, pertenecía a un hombre de entre 35 y 40 años de edad. Este hallazgo fue bautizado a la obviedad como “el hombre de metro balderas”, actualmente lo conserva el  INAH. Att:Ortiz Peña Andrea 6°C Diseño Gráfico Digital 

UN VIAJE CON EL DIABLO

Mariana usa el metro todos los días, es su medio de transporte más accesible, reconoce que en el llega rápido a cualquier destino, pero también ha vivido extraños acontecimientos en sus vagones. Recuerda que cuando tenía unos 15 años, iba jugando con su mejor amiga, ambas jóvenes  e incrédulas de los fenómenos paranormales dijeron que  venderían su alma al diablo ; se encontraban en un vagón de la Línea 1, rumbo a Observatorio. Eran aproximadamente las dos de la tarde, de modo que el tren iba casi vacío, no había mucha gente, y fue entonces cuando ocurrió lo inesperado. Al mirar hacia el frente vieron a un hombre que parecía sacado de una película de terror. “Era un señor de unos 40 años, no muy alto, con un aspecto lúgubre en el rostro, tenía las cejas largas, los pómulos muy marcados, y una sonrisa aterradora; se paró frente a nosotras y nos ofreció lo que tenía en el puño, se veían como monedas. Me acuerdo que estaba todo vestido de blanco, con un traje como de primera comu...